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¿Por qué nuestro cuerpo reacciona haciéndonos sentir emociones y sensaciones del pasado?

La memoria emocional se define como aquella información que se encuentra en nuestro sistema de modo duradero debido al acompañamiento de emociones, ya sea en su adquisición, consolidación o recuperación

¿Por qué nuestro cuerpo reacciona haciéndonos sentir emociones y sensaciones del pasado? La psicología y la ciencia tienen la respuesta y la solución; porque los avances en neurobiología de las últimas décadas nos han demostrado cómo los sucesos que van asociados a algún tipo de emoción se recuerdan con mayor facilidad y frecuencia.

En el ámbito de la Psicología podemos definir la memoria emocional como el aprendizaje, el almacenamiento y el recuerdo de eventos asociados con las respuestas fisiológicas que se daban en el momento en que tuvieron lugar dichos sucesos. Se relaciona también con la recuperación de otras informaciones y detalles asociados con el evento concreto.

Ramón Soler explica en un artículo publicado en la revista Cuerpo Mente que lo que implica la memoria emocional es que lo que aprendemos con alegría e ilusión lo recordamos para siempre, pero también  guardamos en nuestra memoria aquellos momentos profundamente tristes o aquellos en los que sentimos un miedo intenso.

Las emociones se quedan almacenadas en nuestro cuerpo y es relativamente frecuente que, ante situaciones parecidas, nuestra mente reaccione tal y como lo hizo en el pasado y nos conecte con emociones que ya habíamos sentido en otras ocasiones.

Con frecuencia, una situación presente puede conectar con un trauma ocurrido años atrás y desencadenar una reacción análoga en el cuerpo. Puede que la situación ya no sea la misma, pero el cerebro, como mecanismo de defensa, se adelanta para prepararnos por si nos fuera necesario huir o protegernos.

La relación entre emociones y memoria

La memoria y la emoción son procesos íntimamente relacionados; todas las etapas del recuerdo, desde la codificación de información hasta su recuperación a largo plazo, son facilitadas por factores de tipo emocional. Esta influencia es bidireccional, de modo que los recuerdos provocan con frecuencia la aparición de emociones, por ejemplo.

La emoción tiene efectos moduladores tanto en la memoria declarativa o explícita como en la no declarativa o implícita. Lo que hace que recordemos mejor o peor un suceso no es tanto su relevancia en la historia personal como la intensidad de las emociones que experimentamos cuando ese momento tuvo lugar.

¿Por qué nuestro cuerpo reacciona haciéndonos sentir emociones y sensaciones del pasado?

Los recuerdos no se centran sólo en los hechos acontecidos, dice Soler, sino que también lo hacen en las respuestas fisiológicas que se produjeron simultáneamente; de hecho, la intensidad y la relevancia emocionales de una situación parecen ser los factores clave que explican que su huella se mantenga a largo plazo.

En algunas ocasiones puede incluso que la memoria emocional de un evento siga existiendo después de que se hayan olvidado los hechos; esto sucede de forma habitual en los casos de fobia. ¿El motivo? no siempre se recuerda cuál fue la experiencia traumática que provocó la aparición del miedo.

Sabemos que los recuerdos están impregnados de muchos detalles: del momento o la situación en cuestión, de las sensaciones asociadas, de lo que sentimos en ese momento, y hasta de lo que pensamos. Los recuerdos están bañados de todos estos elementos, y la emoción no se puede disgregar de ellos.

 

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