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¡Pensando y pensando! ¿Te gustaría meditar?

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¿Qué hacer para despejar la mente meditando?

 

¿Sabías que se estima que el cerebro humano puede generar en torno a 60.000 pensamientos diarios? Aunque no es una cifra que haya sido consensuada por la comunidad científica, pues imaginarás que la actividad mental no resulta algo sencillo de calcular.

Pero, lo que sí cuenta con la aprobación de los expertos, especialmente del ámbito de la psicología; es que un alto porcentaje de esos pensamientos son repetitivos y que esa repetición no solo se da en el mismo día, sino que se puede producir durante varios días o incluso a lo largo de toda la vida.

El contexto complicado como el que vivimos en la actualidad a consecuencia del Covid-19 es probable que la ecuación se complique. La pandemia ha disparado los niveles de ansiedad, estrés, incertidumbre, miedo y angustia; pero también ha despertado el interés por las prácticas como la meditación, una actividad que ayuda a minimizar las tensiones generadas por esas aflicciones y reporta calma, según explica la psicóloga y experta en «mindfulness», Belén Colomina. «Con solo unos minutos al día de práctica muchos han descubierto que pueden empezar a tomar más distancia de las preocupaciones. Es una forma de cuidar sus pensamientos y emociones, una forma de cuidar su salud mental», revela.

Tres pasos para sacudirte pensamientos y despejar tu mente

1 Evita los pensamientos repetitivos

La experiencia muestra que algunos pensamientos suelen volver una y otra vez a la mente. Cuanto más tiempo y atención se invierte en ellos, más facilidad tienen para reaparecer y más se dificulta la creación de enlaces mentales nuevos que ofrezcan una manera alternativa de gestionar las experiencias cotidianas.

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Permíteme unos minutos de silencio interno para que tu mente descanse

Y, si cada pensamiento está vinculado a un tipo de emoción, será fácil repetir patrones psicoemocionales, lo que dificulta la toma de conciencia y la transformación de aquellos que no nos benefician a nosotros o a quienes nos rodean.

2 Escucha tu estado de ánimo

Si te cuesta encontrar aquellas frases y pensamientos que más repites, te invito a mirar tu estado de ánimo predominante durante el día. ¿Te sientes nervioso, triste, perdido o aburrido? Cada vez que eso sucede, ¿en qué has pensado?

Es recomendable sentir en qué parte del cuerpo nos ha afectado físicamente un determinado pensamiento o emoción.

3
Practica la escucha activa

Cuando un niño no se siente escuchado, grita. Los pensamientos pueden llegar a hacer lo mismo. Si una parte en nosotros no se siente atendida, el cuerpo puede llegar a repetir su mensaje obsesivamente hasta que reparamos en él.

Es preferible escuchar atentamente los pensamientos, evitar una respuesta inmediata e impulsiva y tomarse un tiempo para reflexionar si realmente este pensamiento está basado en una evidencia indiscutible o bien es básicamente una opinión que depende de un punto de vista determinado.

¿Cuándo es el momento para meditar?

A la hora de saber cuándo es el mejor momento para meditar, Colomina invita a observarse y analizar cómo nos sentimos. “Si sientes que tu cabeza va a estallar por la velocidad y el volumen de tus pensamientos o si te sientes ausente, navegando cada día en piloto automático, sin duda este es el mejor momento para ponerse a meditar“.

* Convierte la meditación en hábito

Lo más difícil de la práctica de meditación es adquirir el hábito y encontrar el momento adecuado para hacerlo. Por eso para lograr dedicar ese rato de nuestra vida a esta actividad y no perdernos en las excusas la psicóloga aconseja programar el tiempo y el lugar para ello.

En cuanto al lugar, lo ideal es tener preparado un espacio físico en el que resulte posible crear un espacio sereno que incluya aquellos elementos que para cada persona puedan significar «cuidado», «armonía» o «serenidad». Desde el cojín de meditación hasta decoración con flores, inciensos o aromas. También es importante que este rincón o este lugar esté situado en una zona tranquila de la casa para alejarlo lo máximo posible del movimiento o los ruidos cotidianos que se producen en el hogar.

¡A meditar!