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Maestro Ajicero: “Cada paladar virgen es una oportunidad”

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Hablamos de ají, y automáticamente se viene a la mente la palabra picante; sin embargo, los ajiceros de Juan Montemayor, son la mezcla perfecta de picor y dulzor típica de la cocina venezolana.

 

El Maestro Ajicero, es el nombre que describe mejor a Juan Montemayor quien ha decidido despertar el paladar de los comensales con los sabores del ají. Él es un fabricante de colores que nos muestra las combinaciones posibles (más allá del bicolor). Su emprendimiento tiene 11 combinaciones, así como ediciones especiales, que utilizan ajíes o condimentos exóticos. ¡No en vano recibió mención Tenedor de Oro en el 2016!

¿Cómo se convirtió el arquitecto Juan Montemayor en Maestro Ajicero: proveedor de estimulaciones para los paladares? Dalelavuelta.tv se fue a visitar el espacio de creación de ajiceros Montemayor, donde nace la magia.

Vive con nosotros la experiencia de una agradable y reveladora conversación con el Maestro Ajicero.

Maestro Ajicero: Descubrir el paladar a través del ají

-¿Qué lo inspiró a crear Montemayor y combinar todos esos sabores de los ajíes?

Es una pregunta que hasta el día de hoy no estoy seguro que tenga respuesta. Esto es un trabajo que tiene muchas variables en la ecuación. Haciendo memoria, recuerdo que el primer encuentro que tuve yo con el ají fue a través de mi abuelo.

Era un personaje grande, pesaba casi 200 kilos. Él tenía una mesa, donde nos sentábamos todos los nietos y él en la cabecera. Había una suerte de ritual que le servían de primero en un plato de sopa. El señor agarraba de la pata de la mesa un ajicero, le ponía a su sopa y decía: “¡Ah, qué cosa tan buena!”. Y lo repetía una o dos veces. Después que el señor daba el visto bueno era que nos servían a nosotros. Yo decía que era magia, me preguntaba qué es lo que come que se le ilumina el rostro y queda tan contento.

De adolescente vine a entender esa sensación. Hay una cosa hermosa: el ají te despierta el paladar Nosotros lo tenemos absolutamente dormido, a punta de azúcar, químicos, alcohol, cigarro y necesitamos un estímulo para despertarlo: lo consigues en el ají.

Tengo 10 años haciendo esto. Una de las cosas que me llamaba la atención —cuando yo comencé— es como un país tropical donde tú lanzas una semilla y germina una mata; tú ibas a una reunión o una fiesta y preguntabas por un picante y la gente te traía un frasquito, que es importado. Todo lo que le pongas ese frasquito Te mata el sabor a las comidas y no es nuestro.

-¿Así comenzó todo?

Con esos argumentos comencé a fabricar los ajiceros Montemayor. No fue una cosa que planifiqué. No hice plan de negocios, todo lo hice porque quiero. Compraba la mayita de ajíes dulces que trae 30, usaba 2 y botaba 28. Me daba rabia. Pensaba que tenía que haber una manera de conservar el ají, para que yo pueda guardarlo y usarlo cuando quiera.

El primer producto que yo hice fue la pasta de ají dulce. Después comencé a hacer lo mismo con pasta de ají picante. Yo he sido muy sincero con mi propuesta: el picante no es dolor, es estimulación. Invito a toda la gente que dice que no usa picante, a que lo prueben y después digan: “Wow, pica pero está sabroso, o pica con gusto”. El picante tiene que sugerirte poesía: que te deje la lengua haciéndote preguntas.

-¿Qué sintió la primera vez que decidió salir a vender sus preparaciones con ajíes?

Fue dificilísimo. Yo soy arquitecto, estaba vinculado al mundo de la cocina, pero de manera informal. Siempre estuve investigando el tema del ají.

Cuando salí lo hice como lo hace un torero. ¡Fue una experiencia súper loca! Mi debut fue en una verbena de colegio de mi hijo. Eran dos días. El primero cayó un palo de agua y se me cayeron las etiquetas. ¡Fue horrible! De 80 frascos no vendí uno. Cambié uno con la persona de al lado, porque mi hijo quería algo.

Mi hijo tendría seis años y de regreso a casa me preguntaba: ¿Papá, por qué estás tan molesto? Yo estaba fuera de target, porque las mamás lo que estaban comprando eran calcomanías y pulseritas. Yo decía: “¿Y qué hago yo aquí vendiendo pasta de ají? ¿Será que voy a ser tan bolsa de ir al día siguiente? Claro que sí. Algo que tengo yo es que soy terco.

Estaba la misma nube negra y esta vez llevé dos paraguas para proteger las cosas mejor. También cambié la estrategia de mercadeo. En la entrada de la verbena había un puesto de hamburguesas que siempre estaba lleno. Yo llegué muy temprano y le dejé al señor 8 frascos. Le dije: “Yo hago esto, le dices a la gente que lo pruebe. Te los regalo”.

Al final del día de 80 frascos, vendí 70. Eso me hizo entender dos cosas. Lo primero que pensé fue cómo hacer de esa afición un modelo de emprendimiento que sea rentable. En ese momento comencé a hacer esto de una manera organizada.

Lo segundo es lo que le digo a todo el mundo, vinculado a los emprendimiento gastronómicos: No hay manera de vender un frasco, un sobre, una caja si no es probando lo que tú haces. ¡Olvídate de Instagram! El boca a boca es lo único que a ti te sorprende para tu poder comprar un producto y que luego haya la recompra, que es lo más importante.

productos de Maestro Ajicero en mercado

¡Emprendedores, mírense en un espejo!

-Qué recomendaciones le da a los emprendedores o aquellas personas que tienen una idea, pero tienen miedo a lanzarse al ruedo?

Lo primero es que tienes que ser muy sincero contigo. Pregúntate para qué lo haces: ¿Tú debes emprender, tú tienes que emprender o tú quieres emprender? El verbo hace la diferencia.

Luego, tú tienes que creer en lo que estás haciendo. También te tienes que divertir. El día que diga: “¿Por qué tengo que estar aquí haciendo 200 frascos?” No lo hago. Al final vas a estar moliendo agua. Esto tiene que ser experiencia reconfortante.

Yo le digo a la gente que se vea en un espejo. Reconoce hasta dónde llega la cobija y analiza: ¿Tienes cómo emprender, sabes cómo emprender, tienes la red de contacto que te pueda ayudar? Solo no vas a ir a ningún lado. ¿Entiendes a tu competencia y lo que quieres vender?

Yo creo que de alguna manera se ha banalizado y se ha puesto de moda el emprender. Todos los coach y gurús te dicen abren tus alas y vuela tan alto como puedas, pero resulta que te están metiendo en una calle ciega.

El mejor amigo para el emprendedor es una tabla de Excel. Aprende a usarlo. Si no sabes o no te gusta, consigue a alguien que te traduzca tus ideas en números, porque los números no tienen sentimientos y lo que mata un emprendimiento son los números. No hay manera de llevar un emprendimiento con números rojos.

-¿Cuál es el mensaje para todas las personas que aún no han probado los ajiceros Montemayor?

Que prueben este producto. Cada paladar virgen es una oportunidad. Tú tienes que ser lo suficientemente capaz de sorprender al comensal.

“Yo no me veo como un vendedor de frascos. Está el producto, pero el frasco es una historia a ser contada. Y tú eres quien va a interpretar. Al final es la satisfacción que me da, cuando yo veo que el rostro del comensal se ilumina”