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¿Cuáles son las trampas emocionales en el ámbito financiero y cómo resolverlas?

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Debemos procurar que nuestra relación con el dinero no la definan los impulsos

 

Hay trampas emocionales en el ámbito financiero que nos llevan a una relación tóxica con el dinero. De eso queremos hablar hoy, porque hay patrones de conducta que tenemos asumidos que creemos son los indicados y están mal enfocadas.

En el camino hacia la prosperidad económica es indispensable identificar conductas e impulsos que llevan a gran parte de la sociedad a tomar decisiones erróneas respecto a sus finanzas personales. Por ejemplo, los llamados “gastos hormiga” o adquirir productos superfluos pueden causar un perjuicio de miles de bolívares en la cuenta “de ahorro” a final de año.

Trampas emocionales en el ámbito financiero ¿Las reconoces?

1- El miedo injustificado a lo desconocido y a la pérdida

El miedo a lo desconocido es algo que llevamos en la memoria genética. Es común que la enorme cantidad de gente que desconoce de finanzas tome decisiones financieras personales con un componente excesivo de ese temor. Por ejemplo, que ahorre sólo comprando dólares lo que es, en períodos largos de tiempo, muy ineficiente.

Otra trampa clásica a la hora de cuidar las finanzas personales es el miedo desproporcionado a la pérdida. Es cierto que nadie escapa a la regla riesgo-rendimiento, y quien pretende lo segundo, algún nivel de riesgo tiene que estar dispuesto a asumir.

La emoción se desasocia de la realidad. Por ejemplo, personas de mucho dinero que sufren o se enojan mucho cuando pierden sumas mínimas, incluso irrisorias. A diferencia del miedo a lo desconocido, esta trampa emocional puede tener que ver con el ego, con el hecho de fracasar y de que esa pequeña pérdida represente el dolor de equivocarse. También puede ocurrir que una pequeña pérdida active un miedo injustificado a perderlo todo.

Calcular bien “la máxima pérdida posible o pensar en términos probabilísticos” debería ayudar a disolver el miedo a lo desconocido a la hora de invertir. El miedo es imaginario. El riesgo es real.

2- La adicción a la adrenalina del riesgo

En el extremo contrario, están los que no tienen ningún tipo de temor que los modere. Por el contrario, son adictos al riesgo financiero, lo que revela algún tipo de falta de inteligencia emocional o autorregulación.

En finanzas existe lo que se conoce como adicción al riesgo financiero o bien “ludopatía bursátil” que nos lleva a apostar todo el tiempo en el mundo de los valores bursátiles, sin poder sacarle el ojo de encima a las pantallas con cotizaciones.

En general, quienes padecen de esta adicción, terminan gastando fortunas en comisiones y se basan demasiado en la intuición rápida, lo que a la larga resta calidad a las decisiones y redunda, por lejos, en mayores pérdidas que ganancias. Además, claro, del desgaste psicológico de estar ganando y perdiendo constantemente.

La adrenalina del riesgo de las finanzas es divertida y tentadora, pero nunca hay que permitirse volverse un adicto. Nunca habría que hacer inversiones financieras por más dinero del que uno puede soportar perder.

Más trampas por detectar

3- El caro placer del corto plazo 

Para lograr libertad financiera algún día, es clave seguir la regla de oro de ahorrar siempre que se pueda. En finanzas, muchas pequeñas monedas hacen una gran moneda.

Quienes desde jóvenes tienen la cultura del ahorro, es posible que lleguen al promedio de la vida con un nivel de ahorro que genere renta pasiva, lo que naturalmente aporta grados de libertad a la hora de cómo administrar nuestro tiempo.

Pero para ello es necesario, siempre, lo primero: generar más de lo que se consume, sostenidamente en el tiempo y bien administrado. Sin embargo, muchas personas operan exactamente al revés: consumen más de lo que generan.

Es claro que hay que darse gustos en vida, pero siempre dentro de lo razonable de lo que nuestras finanzas permitan.

La gente que tiene poca inteligencia emocional en general no tiene visibilidad del largo plazo, y sobre-pondera elecciones que nos dan placer de corto plazo a costa de las finanzas del largo plazo.

4- El ego, la dificultad de admitir el error y la pérdida de dinero

Muchas veces se toman decisiones que no traen los resultados que esperábamos, y es cuando uno empieza a hacerse la incómoda pregunta de hasta dónde sostener la decisión.

Cuando uno toma una decisión que no funciona, es bastante probable que se sostenga por más tiempo del que se debería incurriendo en pérdidas mayores y más tiempo desperdiciado. Esto se da especialmente cuando la decisión implicó dinero y/o esfuerzo y/o tiempo.

Uno se queda atrapado en el ego, que contabiliza todo lo invertido en una decisión y cuando ésta no viene funcionando, no queremos aceptar la pérdida.

Se debería focalizar en el hoy para ver claramente el futuro sin que las emociones disfuncionales contaminen la visión.

Con información de El Clarín